domingo, 24 de mayo de 2020


20 de mayo (y final)

La sensación de no tener control alguno sobre el tiempo; la intuición de que todo lo que acontece se nos escapa de las manos irremediablemente. Las tazas del desayuno sobre la mesa. Y la estupidez de llevar un diario cuando todo ya ha sido dicho por el amanecer de esta mañana inmensa.


19 de mayo

"El actor balinés comienza por observar la máscara, teniéndola en sus manos, frente a sí. La contempla durante un largo rato, hasta que él y la máscara comienzan a convertirse en un mutuo reflejo; una es el reflejo del otro y viceversa; él comienza a sentir la máscara como parte de su propia cara, pero no como la totalidad de ésta, porque al mismo tiempo él está yendo en busca de su propia vida independiente. Gradualmente, el actor comienza a mover las manos de manera tal que la máscara cobra vida, y sigue observándola como si se produjera con ella una empatía. Y entonces suele ocurrir algo que ninguno de nuestros actores, ninguno de ellos, puede ni siquiera intentar (y que incluso es sumamente difícil que ocurra con un actor balinés) y es que la respiración del actor comienza a modificarse; el actor comienza a respirar distinto con cada máscara diferente. En cierto sentido, es obvio que cada máscara representa un determinado tipo de persona, con un determinado cuerpo, un determinado tiempo y un determinado ritmo interior y, por lo tanto, con una respiración determinada. A medida que el actor comienza a sentir esto y sus manos empiezan a adquirir la correspondiente tensión, la respiración sigue cambiando hasta que un cierto peso de la respiración comienza a invadir todo el cuerpo del actor; y cuando ese proceso culmina, el actor está listo: se coloca la máscara. Y allí está entonces la forma integral, completa".

                                                          [Fragmento de "La entrada a otro mundo", por Peter Brook. En Más allá del espacio vacío.]


18 de mayo

Emma ha progresado mucho con el violín. Me sorprende cómo ha logrado hacerse con el instrumento de esa manera, y cómo éste responde a los movimientos e inclinaciones de su brazo. Desde fuera parece cosa de magia. Siento una admiración indescriptible al tiempo que una sana envidia. La música es siempre un milagro; lo mismo que la buena poesía. Me llama la atención el hecho de que casi todo lo que sale de este instrumento resulte intensamente conmovedor y provoque esta sensación de zozobra. Un instrumento ideado para poner de rodillas nuestro corazón. Hoy he estado en el museo hasta bien entrada la tarde. Al regresar a casa escucho un programa cultural en la radio. Detesto a los novelistas que hablan de sus libros y consumen una buena parte del tiempo diciendo estupideces sobre los personajes de la narración y sus anécdotas.  (Por un momento confundo este diálogo radiofónico con las absurdas comparecencias de los futbolistas en las ruedas de prensa). Parlotean y repiten una y otra vez los mismos argumentos sin sustancia; le dan vueltas, hasta el agotamiento, a las naderías de lo anecdótico. Una y otra vez.


17 de mayo

Un calor tropical, la primera sensación de la mañana. Eso y el canto de unos pajarillos diminutos que desde hace semanas amanecen entre las ramas de los árboles. Llegan otros sonidos dede mi ventana. Ahora caigo en la cuenta de que el vecino de la casa alemana debe de haber traído algún gallo, porque desde bien temprano se le oye cacarear en su jardín, a lo lejos, a veces superpuesto al eco percutido de una lejana taladradora. Tomo el primer café de la mañana. Ha vuelto el rugido de las motos los sábados y domingos al mediodía. No se las ve, pero se escuchan sus rápidos y bruscos acelerones desde esta parte del valle. El día se sucede en una suerte de danza previsible y tienes la sensación de que todo se te escapa de las manos. Eran ya pasadas las siete de la tarde cuando regresé a casa. El camino de regreso, a esta hora, suele ser tranquilo y sin mucho tráfico. Más bien soy yo el que toma cierto apuro por llegar cuanto antes, por aquello de que no se pase el arroz y el día te sorprenda en sus postreros atardeceres. 


16 de mayo

"- Por supuesto no crees en una vida posterior a esta...".
"- No, de momento no. Esto no quiere decir que a lo mejor sobrevivamos también. El juego del blanco y del negro, en este caso de la vida y de la muerte, puede irse prolongando. La muerte puede convertirse otra vez en vida y seguramente se convierte, ya sea por el mero hecho de la descomposición de un cadáver, que se convierte en una especie de alimento en la tierra. Y puede generar otras energías y otros animales. En las infinitas combinaciones que puede dar la materia, quizá llegue un momento en que las cosas se vuelvan a combinar y a recrear otra vez esta escena que estamos viviendo tú y yo".  

                                                                            [Miguel Fernández - Braso. Consersaciones con Tàpies, 1981]


15 de mayo

Recibo, temprano, la llamada de mi madre como cada quince de mayo. Caballero me envía por wasap su felicitación con una imagen de la siniestra y, sin embargo, celebérrima Romería pintada por Goya para La Quinta del Sordo, hoy en El Prado. Nada mejor que el humor negro para despertar la inteligencia dormida en un día completamente ajeno a toda motivación. Guardo, siempre, en este día, un pensamiento de ternura para una de las personas más queridas en mi infancia. El tiempo, que todo lo disuelve en brumas más o menos ininteligibles, va difuminando los rostros en un sentimiento tierno, inasible e incoloro, imperceptible para la vista. Hasta aquí llega, como el recuerdo, un penetrante olor a retamas florecidas.   


14 de mayo

J. Beer me dice que su padre, Michel Beer, fue aviador y escritor. Afirma, no sin cierto entusiasmo, que le dijo haber conocido a Saint-Exupéry y su avioneta. Recuerda que los textos que escribió -las poesías que compuso- merecieron el beneficio de cierta popularidad entre los lectores de su época; o al menos entre su círculo cultural más cercano. No concibo otra profesión más acorde con el oficio del aviador que la de componer versos. Decir a todas horas, en cualquier caso: "j'ai la tête dans les nuages". 


13 de mayo

"¡A la piltra! ¡Atajo de visionarios!"

                                                             [Antonin Artaud]

12 de mayo

El pintor F. L. subraya que sigue buscando el desequilibrio en sus composiciones. Debían ser las dos y media o las tres de la tarde cuando hablamos por teléfono, con la promesa de quedar para tomar un café en los próximos días. (Me vino de pronto a la cabeza la perspectiva deliberadamente oblicua de las mesas sobre las que reposan los objetos, silenciosos, en las naturalezas muertas de Carlos Chevilly). Un punto de fuga; una camino que se abre en el cuadro hacia alguna parte lejos de cualquier clasicismo; esto es, al margen de todo orden demasiado previsible. Caigo ahora que en sus palabras hay algo aplicable a la vida misma. La necesidad de buscar una ventana abierta al extravío o al deseo desmedido de la imaginación.  




11 de mayo

Hay algo perverso en la elección de la anécdota que se lleva a la escritura. Cuántos pensamientos; cuántas imágenes; cuántas conversaciones se dejan caer en el olvido para salvar tan solo unas pocas impresiones del diario acontecer. Es la dialéctica de la elección. El conflicto permanente de tener que seleccionar algo entre todo lo demás, sin perjuicio de que sea la visión más anecdótica de la jornada la que habrá de permanecer en tu retina, como quien contempla una escena pasajera desde la ventanilla del coche. Cuántas veces un pequeño gesto o una imagen sin importancia cobra el sentido de la permanencia en nuestra memoria con mayor intensidad que cualquier otra experiencia a priori más relevante. 


martes, 12 de mayo de 2020




10 de mayo

Dialéctica de la clausura. Esto no es un diario del confinamiento ni nada que se le parezca. Ni siquiera es un diario, y tampoco alcanza la denominación de cuaderno, por mucho que haya en él anotaciones y comentarios sobre el devenir de algunos acontecimientos diarios. No nos engañemos; no sé muy bien qué cosa sea, ni tampoco cuándo deba poner punto y final a este montoncito de anotaciones sin sentido. Acaso debería seguir con otras cosas más útiles; acciones de naturaleza práctica, alimenticias. O quizás este sea el verdadero sentido de toda escritura: servir a la pérdida entre los márgenes de todas nuestras certezas, de todas nuestras contradicciones. 


9 de mayo

"El principio de otkaz implica la precisa definición de los puntos en que termina un movimiento y se inicia otro, un stop y un go al mismo tiempo. Otkaz es una cesura neta que suspende el movimiento precedente y prepara el siguiente. Permite reunir así dinámicamente dos segmentos de un ejercicio, da relieve al segmento subsiguiente, le da arrojo, impulso, como un trampolín. El otkaz también sirve para señalar al partenaire que uno está listo para pasar a la siguiente fase del ejercicio. Es una acción brevísima en el tiempo, en sentido contrario, opuesto a la dirección total del movimiento: el recular antes de avanzar, el impulso de la mano que se alza para golpear, la flexión antes de elevarse". 

                                                                                                                                  [Meyerhold]

8 de mayo

Las niñas enterraron al pajarito en una maceta. Yo estaba en el museo cuando ocurrió todo, pero me llegaron noticias del incidente a través del teléfono. Imagino la escena: el perro blanco saltando sobre el animalillo indefenso, aprovechando la impericia de su último vuelo. Es más, la imagino a través de una pintura de Picasso -reinterpretada por Domínguez- que pude ver el verano pasado en el museo Les abattoires de Toulouse. Exactamente los mismos personajes, los mismos protagonistas: el perro y el pajarillo moribundo, y la niña que contempla la escena.  



7 de mayo
Carta de Alfonso de la Torre agradeciendo el envío de mi monografía sobre Maribel Nazco: "bella edición, al fin, de esta biblioteca con frecuencia rala de diseño", subraya.


6 de mayo

Vuelta al trabajo presencial. Esta mañana, al bajar por la carretera hasta la conexión con la autopista, me he cruzado con al menos siete personas que corrían en solitario. Cada cual a su ritmo, transitaban por el arcén con ropa de deporte, casi todos con alguna prenda fluorescente. Algunos parecían bastante perjudicados por el esfuerzo, pues desde primera hora de la mañana el sol brillaba con fuerza y azotaba, sin tregua, las laderas de las montañas vecinas. Pendiente arriba o abajo, se les veía en una actitud forzada, sudorosos, como si fuese la primera vez que hiciesen esta clase de ejercicio. No es este, pienso, el mejor sitio para correr, pues la orografía del terreno cierra otras posibilidades más acomodadas y ventajosas. Desde aquí cualquier opción pasa por subir o bajar deliberadamente por el estrecho margen que deja a ambos lados la carretera. La autopista hasta Santa Cruz sin demasiada densidad de movimientos. Ahora que voy en el coche caigo en la cuenta de hasta qué punto echaba de menos la sensación de conducir: aquel dejarse llevar carretera abajo hasta el cruce más próximo, mientras observas el despertar del día y corroboras que la vida es un exceso. 


jueves, 7 de mayo de 2020


5 de mayo

Me ocurre con facilidad que olvido los rostros y hasta los nombres de algunas personas,  de manera que para recordarlos debo asociarlos a alguna experiencia previa. 


4 de mayo

Si pudiéramos recuperar el tiempo perdido en estupideces y sumarlo al tiempo que nos queda. 


3 de mayo

Nos hemos acostumbrado a las rutas que cada día realizan los helicópteros. Al principio patrullaban dos o tres veces al día, pero parece que están empezando a menguar sus súbitas apariciones. Tampoco se detienen ya tanto tiempo como al principio; las primeras semanas parecía que iban a descender desde lo alto de un momento al otro, y quedaban varados en el aire, realizando movimientos de pájaros falcónidos. Me pregunto si vendrían a esta zona del valle para lograr, al fin, la imitación del vuelo del cernícalo o quizás para vigilar los altos de la Florida.


domingo, 3 de mayo de 2020


2 de abril

Todos hablan hoy de su primera salida a la calle, entre contentos y contrariados por la normativa que obliga a guardar las distancias. Antonio subraya que le ha costado mucho caminar por la avenida, pues desde bien temprano la calle estaba llena de gente. Me llama la atención lo que comenta sobre la actitud silenciosa de los transeúntes; el caminar silencioso y la precaución contenida. Pienso por un momento que este tipo de situaciones sanitarias supondrá una vuelta a las zonas rurales; esto es, al campo, y propiciará cierta añoranza del mito de la casa solariega, de "la dulce, fresca e inolvidable sombra" junto al almendro, que escribiera Estévanez y Murphy. La isla en su doble movimiento de sístole y diástole: el lugar de trabajo y de descanso; la atalaya desde la que vislumbrar un horizonte que todo lo abre y todo lo cierra; la peña desde la que aislarse de cualquier contingencia; la casa; la fidelidad del can siempre despierto; la montaña vecina. 


1 de abril

Leo un artículo de Pedro Soler en el que subraya que "una de las características de la evolución más reciente en juegos y arte digital ha sido el alejamiento de la pantalla y el deseo de incorporar la cultura digital a la vida y viceversa", como si de alguna manera  cobraran nuevo sentido los experimentos de Living Theatre. El deseo de ampliar el espacio público de la ciudad y añadirle capas virtuales; de convertir el paseo del ciudadano moderno en una ficción. 


30 de abril

"Buena parte de lo que es existe por la sola razón de demostrar que buena parte de lo que es existe sin razón". 

                                                                                                                                    [Carlos Marzal]

29 de abril

Dialéctica de la mascarilla. Otra forma de automatismo o de escritura no pensada. Al intentar alcanzar un libro de entre los anaqueles más altos de la librería cae al suelo un manual de títeres y titiriteros escrito por Pilar Amorós y Paco Paricio. El libro en cuestión, muy bien ilustrado y documentado, lleva una cubierta flexible, de forma que en su salto icárico desde lo alto de la estantería queda abierto en el suelo, boca arriba, por la páginas dedicadas a los bocones. "Ambas palabras, tanto la castellana como la inglesa, aluden a la característica más sobresaliente del muñeco: su enorme boca probablemente muppet, proviene de la contracción de mouth (boca) y puppet (títere)–. Los bocones son un buen ejemplo para demostrar la interrelación que existe entre el diseño plástico y la técnica de manipulación, pues al optar por esta variante nos vemos obligados a diseñar muñecos con una gran boca; lo que les dará un aire animal, como de batracio [...]".



28 de abril

Esta mañana he vuelto a preguntar por la situación en la Residencia. Mi amigo Fran no forma parte del equipo médico, sino del personal del servicio de limpieza. Conoce a la perfección todos los pasillos, salas de operaciones y, en fin, cualquier recoveco por muy recóndito o escondido que este sea. Confirma que la tensión vivida hace unas semanas ha empezado a decaer considerablemente, y que en todo este tiempo se han producido situaciones de mucha tensión, más allá de la rutina del protocolo exigido para con los cambios de sistemas de protección, a cuyo trasiego se han ido acostumbrado con disciplina. Familias que no pueden acceder a ver a sus mayores, amigos que llaman para rogarle que intente preguntar por alguna persona aislada, la retirada inmediata de los cuerpos de las personas fallecidas y la ausencia total de velatorios. Situaciones de una gran dureza para las que nadie está del todo preparado. Imagino que saber lo que está pasando por dentro, en los servicios médicos, es la forma más directa de medir el alcance de todo este drama. En cierto modo, los que vivimos en zonas rurales no sabemos ("no tienes ni idea de lo que se ha vivido", me dice), ni podremos saber el alcance de esta situación. 


27 de abril

La encargada de la oficina de correos sostiene que puede ofrecerme dos tipos de sellos diferentes, pues desde la central solo les hacen llegar un par de lotes, así que compro los que están disponibles al alcance de la mano; en esta ocasión, uno que lleva una imagen relativa a la Investigación Biomédica en España, y otros de tarifa europea con una imagen del Castillo de Manzanares. Lamento que casi se haya perdido la costumbre de escribir cartas y de franquearlas con sellos postales. Esa es una de las cosas que sigo echando de menos de la Bretagne francesa: en cualquier oficina, por muy pequeña que esta fuera, encontrabas carpetas llenas de sellos con motivos naturales o temas históricos. Eso y las rutas por la Presqu'île de Crozon, claro; cómo olvidarlas. Y la voz de Léo Ferré en la casette del coche al atravesar el puente Térénez. 


26 de abril

A pocos metros de mi puerta, esta mañana giraba en círculo una bandada de andorillas; así llamábamos a esos frágiles e ingrávidos pajarillos los amigos de juegos de la infancia. Mucho tiempo después aprendí que esa curiosa mutación de la ñ en consonante líquida era una mera declinación natural del habla; una evolución infantil de la palabra portuguesa andorinha. Cosas de la niñez, supongo, pero lo cierto es que aquella palabra es la primera que se me viene a la punta de la lengua cada vez que las veo aparecer, súbitamente, desde la arquitectura del aire. Se ha constatado que las aves migratorias cada vez regresan antes desde las regiones en las que pasan el invierno, pero para mí su vuelo está ligado, de igual modo, al comienzo de la primavera. Son dos ciclos migratorios los que celebro al año, pues mi amiga Marie Chevrel me llama desde Bretagne cada vez que los vencejos regresan a Andouille-Nouville y algunos construyen sus nidos en lo alto de las vigas de madera del establo. Estaban ahí hace tan solo un momento; las he visto dar vueltas, desaforadas y volanderas, locas por girar sin descanso en una danza inútil y hermosa sobre el mismo área, simulando que se estrellan unas contra otras. Podría decir que este es uno de los animales simbólicos de mi infancia. Encaramados al promontorio de tierra del campito los niños decían una y otra vez que el aterrizaje de uno de aquellos vencejos en tu cabeza podría resultar fatal, así que todos nos agachábamos cuando sobrevolaban las cercanías de las fincas. Tan solo recuerdos, imágenes desvaídas, hechas añicos, contempladas a vista de pájaro y que emergen desde lo profundo de la memoria. Poseen para mí el encanto de una narración mitológica. 


25 de abril

Hoy es veinticinco. Ya falta menos para el deshielo; para la puesta en marcha de la normalidad. Se comienza a hablar de cifras que van en descenso y de la esperanza en que continue la tendencia de este modo. Tal vez por eso el reloj del ordenador indica que hoy es veinticinco. Siempre he creído que el veinticinco tiene esa cosa de número redondo, de guarismo cerrado y rotundo: de cifra. Antes se escuchaba mucho lo de las veinticinco pesetas. Y es que, el veinticinco lleva atuendo de número mágico (qué diría o escribiría Ramón con un gran número veinticinco entre las manos), de número de abracadabra o de lámpara maravillosa. Veinticinco jinetes del Apocalipsis, veinticinco palmeras tropicales, veinticinco vellocinos; las veinticinco lanzas de Patroclo; veinticinco visiones; veinticinco disparos en el pie; veinticinco diccionarios de María Moliner, veinticinco acertijos, veinticinco libretas de instrucciones para salir corriendo y otras veinticinco para jugar al tetris. ¡Vaya por Dios! Ese número es tan redondo como los números redondos. Veinticinco explicaciones sobre el absurdo. Veinticinco comisarios, y así sucesivamente hasta el infinito. Esto demuestra la teoría de José Luis sobre la versatilidad poliédrica de los números.



viernes, 24 de abril de 2020


24 de abril

Hoy viernes, por fin. Llega el fin de semana, y damos gracias por ello aunque estemos todos trabajando desde aquí mismo y no nos hayamos movido de nuestras casas. Qué ironía. Me llegan noticias de que esta extraña situación acabará pronto, pues se prepara un plan para el deshielo. Ojalá así fuese y pudiéramos volver a la normalidad, si bien confieso que ya no sabremos a qué atenernos, ni tampoco a qué tipo de normalidad tendremos que hacer frente. De hecho, nadie sabe qué cosa sea ese estado normal del que se habla; cuando en verdad lo normal en la vida son los altibajos, las curvas de nivel, las metamorfosis constantes, los desequilibrios. Visto de esta manera, pienso, no habrá engaño alguno. 


23 de abril

La radio anuncia que Joan Margarit recibirá el Premio Cervantes. Me alegro por el hecho de que en esta nueva edición lo haya recibido un poeta. Es, claramente, un beneficio para el lenguaje; una ganancia de todos. Y esto implica una perspectiva diferente que, sin duda, hace justicia para con una muy buena parte del conjunto de la mejor escritura en las letras hispánicas. Con todo, de entre los poetas de aquella generación, mis preferencias se acercan mucho más y se aproximan a la escritura de José Corredor Matheos. De hecho, no entiendo por qué razón aún él no ha recibido este reconocimiento, siendo este último no solo mejor poeta, sino también nueve años mayor. Curiosamente, por lo general, ambos publican sus libros en la misma editorial. Y ambos viven en Cataluña. Hubiese sido fácil darse cuenta, pero no conozco los criterios de selección. Un amigo de Cantabria me comenta al teléfono que Matheos es demasiado sencillo y modesto para recibir una distinción así, y que tal vez por ello pase más desapercibido a los ojos de las instituciones que otorgan dádivas catedralicias y otras finezas. En fin, sus razones habrá. Celebro, con todo, lo que haya que celebrar, que no es poco, pues cada día sigue saliendo el sol sobre la comisura del horizonte. Es tarde ya. Todos duermen. Hoy tampoco hay luna. Una oscuridad casi total se extiende al otro lado de la ventana. Nada puede verse, y un silencio inusual al que vamos acostumbrándonos va impregnándolo todo.


22 de abril

El señor M. subraya que las dos pinturas de C. de su colección son "redondas", pequeñas, y de muy buena mano. (Imagino que se trata de dos blasones en miniatura, semejantes al dibujo que ilustra la décima entrega de la revista Mensaje). Sin embargo, al hablar con B., más tarde, este último afirma que nunca antes ha visto cosa igual, y que, tal vez, el adjetivo "redondo" se refiera aquí a que son muy buenas; quiero decir, de muy cuidada factura, y no tanto a la forma más o menos curva del soporte escogido por el pintor. Vuelvo a hablar con el señor M., y este me confirma que ha empleado bien el adjetivo, pues en verdad se trata de dos pinturas esféricas a modo de blasones; y que, asimismo, gozan de una muy buena ejecución. 



21 de abril


Por fuera de la venta de los productos gomeros han puesto unas líneas en el suelo para mantener cierto orden de acceso al mostrador. Entiendo que se trata de medidas de control sobre las distancias de seguridad de obligado cumplimiento dictadas por el Gobierno, pero todo parece un tanto teatral y absurdo. (Ahora sabremos con mayor certeza que el absurdo, como tal, no es más que una versión tragicómica de la vida misma). Me preguntan si he hecho un pedido por teléfono, pero la verdad es que llegué casi de forma improvisada desde la oficina de correos. Me sedujo la idea de ir a comprar algunos víveres frescos, algunas verduras, porque se trata de una tiendecita con muy buenos productos y casi necesitas meter la nariz y hasta palpal con la mirada la calidad de los vegetales. Así que dudo un momento y le digo al garçon lo primero que se me ocurre; quiero decir, lo primero que se me viene a la vista: un par de piñas tropicales. Esta nueva situación ha modificado nuestro comportamiento social, y también corporal. Noto que hemos perdido cierta sensualidad de movimientos. Ya no hay roces. Y casi tampoco miradas de complicidad; tan solo unos márgenes de distancia que resultan extraños y a los que va a ser muy difícil acostumbrarse. Además, la gente agacha la cabeza con mayor facilidad y evita mirarse directamente a los ojos, como avergonzados e indecisos a causa de esa distancia mínima, como si se desconfiara del otro por la posibilidad de contagio. Por lo demás, el día transcurre en su juego de espejismos hasta que llega la tarde. La fatiga de los ojos frente a la pantalla del ordenador, el café de media tarde, la turba de pardelas gemidoras cuando cae la noche adentrándose en la oscuridad de la montaña vecina. Libros que esperan su turno en las estanterías. El poema aún no escrito.


martes, 21 de abril de 2020


20 de abril


Las reflexiones de Carl Sagan sobre el tamaño insignificante de la tierra vista desde el Voyager II en el momento del envío de su última fotografía de La Tierra, en 1990, poco antes de abandonar el sistema solar. La idea de pensar el planeta como un pequeñísimo grano de arena perdida en la inmensidad cósmica: una lección necesaria para la cura de la soberbia y la arrogancia. Una loción magnífica para relativizar todo aquello que consideramos importante y que, en el fondo, carece de sentido. Habría que hacer una colonia especial y refrescante con la voz de Sagan, de forma que nos lo recordase cada mañana. Sin duda el mundo iría mejor.



19 de abril


"Me sorprende la capacidad que tiene para arrimar el ascua a su sardina, y eso sin tener en cuenta todo lo demás", subraya un amigo por teléfono. Las expresiones populares, las más corrientes siempre son las más ventajosas para el lenguaje; nunca llegamos a comprender del todo la rara fascinación que producen en nuestro pensamiento, y aunque sean de uso corriente logran detener nuestra atención en la asimilación de las imágenes de uso metafórico que están en juego. Esta mañana me he empleado a fondo, en justa y desigual batalla, con los insectos xilófagos que al parecer anidan en algunos de los muebles de la habitación sin que nos hayamos percatado de ello. Eso sí, han dejado su tarjeta de visita en forma de pequeñas virutas de madera caídas al suelo. Repaso la madera con un líquido con olor a petróleo que me vendió el ferretero, pero desconfío de este invento milagroso, pues normalmente es muy difícil desalojar a estos insectos. De momento he forrado con plástico y cinta varios listones de madera, y espero de esta forma obtener algún resultado. Ellos también están, ahora, en reclusión. En fin, escuché que querían dilatar el confinamiento, aunque lo cierto es que todos empezamos a sufrir la fatiga de este obligado encierro. El tiempo ha adoptado una laxitud extraordinaria: todo se hace corto y largo a la vez. La jornada se dilata y aporta unas sensación de serenidad poco habitual; y, sin embargo, al final del día nos asiste la sensación de que apenas ha dado tiempo de hacer todo lo que debemos. 


18 de abril

Hoy ha amanecido con la misma luz que estos últimos días, pero todo deviene mero espejismo; lo normal en estas fechas es la mutabilidad y el cambio constantes. Nada goza de la fijeza permanente. Intento ayudar a las niñas a colocar algunos fragmentos en un puzzle de no sé cuantas mil piezas, pero reconozco mi falta de paciencia para con los juegos previsibles. Se sabe desde el principio cuál va a ser el final; cuál la imagen resultante. No existe el factor sorpresa, y el asombro está ausente. Reconozco, con todo, que se trata de un juego que refuerza la perseverancia y la constancia en un único objetivo, pero aún así me fastidia esa forma de repetición de un imagen conocida como mera forma de distracción. 


17 de abril

“Aun en los sueños mejor interpretados es preciso a menudo dejar un lugar en sombras, porque en la interpretación se observa que de ahí arranca una madeja de pensamientos oníricos que no se dejan desenredar, pero que tampoco han hecho otras contribuciones al contenido del sueño. Entonces, ese es el ombligo del sueño, el lugar en que se asienta lo no conocido. Los pensamientos oníricos con que nos topamos a raíz de la interpretación tienen que permanecer sin clausura alguna y desbordar en todas las direcciones dentro de la enmarañada red de nuestro mundo de pensamientos”.

                                                                                                [Freud, La interpretación de los sueños]

16 de abril

Si es cierto que el sentido de todo diario es su discontinuidad, no su fijeza en la transcripción literal y continua de los hechos diarios, entonces carecen de sentido estas anotaciones tomadas por simple ejercicio. Pero qué hechos, qué visiones, qué anécdotas de nuestro acontecer merecen el beneficio de la permanencia.



miércoles, 15 de abril de 2020

15 de abril

Me he levantado temprano. Al bajar a la cocina he escuchado el timbre de la puerta. Al salir dos policías me han preguntado por la suerte de una pareja de vecinos y su hijo menor. En verdad nada sé y no puedo aportar gran cosa. Vuelvo a la cocina y enciendo la radio como cada mañana. Todo transcurre en el contexto de lo previsible. Hoy ha llovido nuevamente por la tarde. Hace un frío soportable en estos días. 


14 de abril


Amanece de forma espectacular. Rayos de luz que toman las laderas de la montaña y la envuelven en una fina y rápida capa de oro. No es más que una ilusión que dura unos minutos, porque a medida que el sol va ascendiendo hacia lo alto la perspectiva oblicua de la luz va dejando paso a una claridad más neutra y compacta. El vecino de la casa de arriba me cuenta que a su mujer la acaban de ingresar en la residencia, pero por causa de otra enfermedad bien distinta a la pandemia. Creo que soy uno de las pocas personas con las que pude charlar en estos días, parapetado en lo alto del muro de su casa. Tiene un acento entre suizo y gallego difícil de explicar. A veces hablamos un tanto atropelladamente por la envestida de los perros que se lanzan contra la puerta desde uno y otro lado para ladrarse en una desenfrenada danza de rigores mutuos. Julio me da buena cuenta de las noticias y novedades que ha escuchado por la mañana en la radio. Siempre está asomado al muro de su puerta; ignoro cómo hace para pasar allí tanto tiempo, pero siempre que salgo a tirar la basura a los contenedores aparece desde detrás de su fortaleza. Quizás tenga una extraña mirilla o algún raro artilugio que lo previene del paso  de algún viandante. Me llegan mensajes de celebración de Javier, como cada 14 de abril, conmemorando el aniversario de la proclamación de la la II República española. Brindo desde la distancia con él y con otros amigos. 


13 de abril

"Deja ahora que te explique con qué movimiento los cuerpos generadores de la materia engendran los varios seres y disuelven los que han engendrado; qué fuerza les compele a hacerlo, y qué movilidad les ha sido dada para viajar por el inmenso vacío: tú cuida de atender a mis palabras. Porque, ciertamente, la materia no es una masa compacta y coherente, pues que vemos menguar cada cuerpo y cómo todos parecen derretirse en el dilatado curso del tiempo y cómo la vejez los retira de nuestra vida; y no obstante, la suma de las cosas queda incólume, porque los cuerpos que abandonan una cosa disminuyen la que dejan, pero aumentan aquella a que se adhieren, hacen envejecer la primera, y a esta, al contrario, florecer; y tampoco se detienen en ella. Así, la suma del mundo se renueva sin cesar, y los mortales se prestan mutuamente la vida. Una gentes crecen, otras disminuyen, y en un breve espacio se suceden las generaciones de vivientes y se pasan, como corredores, la antorcha de la vida".  

                                                                                                                        [Lucrecio]


12 de abril


Sostiene un amigo que la posición de las raíces de algunos árboles es similar al dibujo que forman sus ramas en su afán por elevarse. Y que, de este modo, existiría cierta correlación de fuerzas entre la superficie o la parte visible del árbol y su parte inferior. Supongo que habría una base científica para ello, pero la desconozco por completo. Si esto es así, imagino el magnífico recorrido que tendrán, entonces, las raíces de un drago bien plantado; por ejemplo de uno que supere los ochenta años. O las raíces de un árbol de guayabos, cuyas ramas suelen extenderse fuera del eje central del tronco hasta cubrir, en redondo, toda la periferia del árbol. En ambos casos sus raíces formarían una extensa red de arterias bajo tierra. Siguiendo este enunciado, los árboles altos, en cambio, como el ciprés, la araucaria o los pinos, gozarían del beneficio de una única raíz central que descendería en picado bajo la superficie, prolongando una elevación inversa proporcional a la altura del tronco. No sé muy bien lo que todo esto significa, pero estas formas simétricas de uno y otro polo encuentran en un verso del poeta José Ángel Valente uno de sus mejores metáforas: los pájaros raíces. Ansia por alzar el vuelo al tiempo que instinto telúrico de descender hacia el humus original que aporta sustento y alimento. La mañana, en fin, transcurre como cada lunes sentado frente al ordenador, sumergido en la base de datos de la colección documental. Pasa el tiempo muy deprisa, pues cada detalle cuenta y has de ir muy despacio. Por la tarde asistimos de forma telemática a una charla sobre astronomía impartida por Monsieur Campère. Asistimos a imágenes realmente sorprendentes sobre el cosmos: otros mundos, otras galaxias, nebulosas, exoplanetas... De súbito pienso en la remota posibilidad de encontrar alguna noticia de dios entre tanto polvo de estrellas. 

                                                                                                                             
11 de abril


Hoy toca limpiar un poco y entregarse a labores domésticas. Todo lleva su tiempo, suele argumentarse, con el beneplácito de la sabiduría popular más simple, pero entre estas labores el tiempo pasa aún un poco más despacio, y hay que hacerlo todo muy deprisa para tener la sensación de que no se nos va la vida en ello. Mientras tanto, escucho a la pequeña Sol ensayar una partitura al contrabajo, instrumento que ha comenzado a practicar hace tan solo unos meses. Lo interesante de corregir el polvo de los anaqueles, de limpiar -digo- los estantes más altos, los más escondidos, es que siempre acabamos por tropezarnos con algún objeto o algún libro que habíamos olvidado por completo y al que conferimos ahora un nuevo significado. El azar juega siempre sus cartas de manera (casi) objetiva.