miércoles, 29 de mayo de 2019


Juan Pedro Ayala o Las Jacarandas





Las telas de Juan Pedro Ayala se nutren de la eclosión abstracta del color, se alimentan del automatismo furioso y deliberado del gesto sobre la tela, de la descarga de energía del pintor sobre el lienzo, en el denodado intento de hacer aflorar la materia en gestación desde el mundo de lo informe al de lo verosímil. 


Violentas y expresivas, las manchas violáceas van cobrando una forma precisa. El pintor ha querido, deliberadamente, proponernos una liberación de la pintura. Las jacarandas de Juan Pedro Ayala: árboles de ciudad que rasgan la superficie del lienzo, se diría, para salir al afuera y salpicarnos en la alegría de todos los naufragios. 


Lo mismo que una pincelada de color sobre el paisaje diario de la ciudad de Santa Cruz de Tenerife, las jacarandas. Sólo ellas roban por un instante la atención de nuestra mirada. Al cruzar una calle o al atravesar un puente, al cambiar de acera, al recorrer una plaza, o simplemente al refugiarnos en el balcón de La Granadina, las jacarandas asoman su penacho de diminutas campanillas. Sólo entonces, tintineantes de gracia, un brote de luz violada lo inunda todo.


La jacaranca existe en la pintura: la presencia efímera de sus flores, su altura sobresaliente, la ingravidez de vuelo de cometa desarreglada; el enigma del eterno mediodía. 


La imagen de estos árboles de ciudad con los que me tropiezo casi a diario se confunde en mi cabeza, por un instante, con otros árboles: los pintados por Juan Pedro Ayala. Húmedas jacarandas, doblegadas y retorcidas sobre sí mismas, acaso por un exceso de viveza. Íntimas y públicas, verticales, trazadas con la impronta de un rabioso dibujo al tiempo que con una atrevida salpicadura gestual. El pintor ha escogido para sus telas estos sencillos árboles, imprevistos, entreverados, caprichosos. Centinelas del paisaje urbano, sus flores asedian nuestra mirada con fugas de color; sus ramas nos ofrecen un oasis de aguas púrpura, un remanso de calma.


Brindo por la pintura de Juan Pedro Ayala, sincera, sin tapujos, expresiva, como quien lanza un cubilete de dados y apuesta a todo o nada la mísera fortuna de su breve existencia, su trampolín de salto al vacío, su mirada de hombre-gato, su peonza de cuerda. 









[Publicamos en mayo de 2012, en este mismo blog, el texto "Juan Pedro Ayala o Las Jacarandas". Volvemos a publicar estas breves notas, hoy, muy a nuestro pesar, tras haber sabido de la desaparición del pintor. Vayan , pues, en su memoria, estas sencillas notas de color].

2 comentarios:

  1. No quisiera que se perdiera nada de su trabajo. Alguna manera de participar en ello?
    A cuando una GRAN Expo de su trabajo en el TEA?

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  2. Gracias por tu comentario, personaje desconocido. Sería, ciertamente, una buena iniciativa, y merecida.

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