(26 de diciembre)
Me dicen de un mal que afecta a nuestros tiempos presentes; el uso del "yo" de forma constante y obscena, como triunfo de la más fina egolatría, cuántas veces camuflada entre los copos de nieve de la comunidad y las buenas prácticas.
(01 de enero)
Existe toda una retórica de los días primero de enero: el silencio circundante, la soledad de los bancales y las terrazas vecinas, las carreteras desiertas, la oración interior de los buenos propósitos. Todo arde ahí afuera en una luz casi irreal, como si por momentos fuese verdad que el mundo recomienza y un nuevo ciclo nos espera.
(15 de enero)
"Para hablar de Félix Francisco he de referirme a la persona marcada por el genio de la poesía. Desde temprana edad –ya a los siete u ocho años– solía sorprenderme con frases insólitas que yo me preguntaba dónde podría haber leído. Eran giros sueltos, casi surrealistas y esotéricos, cuyas fuentes me era imposible inquirir en ninguno de los libros de mi biblioteca que pudiera caer en sus manos. Él no sabía contestarme, pero me decía que había leído mis libros de poesía. Si embargo, en mi poesía no estaban aquellas claves".
[Félix Casanova de Ayala, prólogo a la edición Yo hubiera o hubiese amado (Diario de un año, 1974), de Félix Francisco Casanova, Liminar, Santa Cruz de Tenerife, 1983].
(20 de enero)
Le gustaba guardar los fragmentos rotos. Si una taza de café se rompía, corría a buscar el tarro de la cola o el pegamento para llevar a su sitio la pieza rota, en el difícil intento de volver a unir lo que no tenía sutura posible. Y así, un ejército de pequeños seres fragmentarios esperaba su turno en uno de los cajones del salón, compartiendo espacio con las cosas más inciertas e inesperadas: mutilaciones de muñecos, fragmentos de cerámicas, perfiles de alambres, pianillos de juguete...




