sábado, 29 de marzo de 2025


ARRAS

FUIMOS AL CEMENTARIO a despedirte
Era una tarde de amplísimos celajes

Tú no estabas ya allí
y sin embargo
te sentíamos ser entre las cosas
no entre los muros las tumbas los dragos
los cipreses del camposanto
sino aferrado a las arras
de los que te lloramos
lo mismo que una llama inextinguible

Fuimos al cementerio a despedirte
Era una tarde de amplísimos celajes

Llevabas la camisa blanca
y una rosa marchita al fin te coronaba
príncipe y señor entre el vacío
dueño de la flor sin nombre 
que a todos ofrecías
en tu silente reposo 
aferrada a las manos
de los que allí te aguardaban

Fuimos al cementerio a despedirte
Era una tarde de amplísimos celajes


                          [A la memoria de Andrés Sánchez Robayna]




domingo, 16 de marzo de 2025


(11 de marzo de 2025)

Este por siempre trágico mes de marzo nos ha traído la noticia de la muerte del escritor, profesor, excepcional crítico de arte y de literatura, maestro y amigo, Andrés Sánchez Robayna. Su ausencia deja un vacío irremplazable en las letras hispánicas del último tercio del siglo XX hasta nuestros días. Su caso es –quién lo duda– el de una de las más altas figuras intelectuales de los últimos tiempos. Su capacidad de trabajo era sorprendente –titánico, incluso–, y su entusiasmo y su fe en la palabra poética entendida como forma de conocimiento era la llama fundamental que lo impregnaba todo. Inútil sería repetir la lista de cuadernos poéticos, ensayos, proyectos de traducción, colaboraciones con pintores, direcciones de tesis doctorales; en fin, la ingente suma de trabajos que se muestran ante nuestra mirada como una alta pirámide inalcanzable. No me equivoco al afirmar que su libro de poemas editado por Galaxia Gutenberg, Por el gran mar, es uno de los más intensos poemarios en lengua española de estas última décadas. Y sus ensayos dedicados al estudio de la obra de Luis de Góngora –Silva gongorina–, o a los poetas grancanarios Cairaso de Figueroa y Alonso Quesada, un ejercicio de escritura crítica de gran alcance. Y de entre sus muchos acercamientos a la pintura, debemos destacar el que acaso es uno de sus ensayos señeros, Jorge Oramas o el tiempo suspendido, también editado por Galaxia, y en el que plantea interrogantes sobre cuestiones cruciales en el ámbito de una pintura que se resiste a ser definida dentro del mero género de la pintura de paisaje o del retrato al uso. Un ensayo que el escritor concibe de la misma manera a como se articula un texto poético; esto es, no aportando conclusiones o soluciones definitivas, sino interrogantes sobre algunas de las incógnitas que la obra de Jorge Oramas –esquematista, vertical, iluminante, diurna por definición– suscita. 
La últimas veces que lo vi fue en la ciudad de La Laguna; primero, en la galería de arte Artizar, con motivo de una exposición de la pintora Elena Galarza y, poco después, un sábado por la mañana en el hotel Nivaria. "Don Agustín Millares" –me decía– "solía reservar el sábado para los amigos", y durante un día a la semana "no hacía otra cosa que verse con sus más allegados en un popular restaurante de Las Palmas de Gran Canaria". Sí, hubiese sido una buena idea –dijimos– reunir cada último sábado de cada mes a los más cercanos con el mero pretexto de celebrar la gracia de cada nuevo encuentro. Pero la muerte es siempre ingrata y era imposible predecir su envestida; el equilibrio tenaz de tus últimos gestos. Habrías merecido vivir, Andrés, al menos otros diez años; pero ahora eres tú el poema truncado, la casa sin nadie, la página en blanco del cuaderno aún no escrito, la rosa sobre la losa fría.


sábado, 18 de enero de 2025

(19 de enero no puede ser porque aún hoy es 18, así que pondré 18 por la tardecita)


"Yo sé que hay, en las cajas que acabo de ver en el Rastro, una cosa que por mucho que piense y quiera recordar no lograré representarme. Hasta si las hubiese apuntado hubiera procurado perderse mi apuntación".

[Fragmento de El rastro, de Ramón Gómez de la Serna]

(12 de enero o 17)

Tarde o temprano debería reaparecer en algún lugar de los anaqueles el objeto que estabas buscando, y dudas de si ha permanecido allí todo este tiempo o si alguien lo ha cambiado de sitio. La última vez que lo viste estaba en las repisas más altas, junto a la cajita hasenkinder de conejo y la figura de la dama de Elche que trajiste de casa de la calle Gandhi. Lo cierto es que ahora lo estoy buscando y no consigo encontrarlo, y me demoro en pensar si es que, en verdad, fui yo quien lo movió de su sitio (o vete tú a saber, me digo; hay tantos objetos diseminados por cualquier esquina de la casa que no puedo tener memoria de todos y cada uno de ellos). Hay toda una retórica de la búsqueda del objeto; una letanía lenta en la repetición de los mismos gestos, del mismo deambular por los cuartos y por la biblioteca en busca de una señal, de una pista mínima que nos devuelva el sentido de su paradero. Es entonces cuando nos embarga la sensación de la falta; la pericia de saber que lo que buscas ha dejado su sitio entre las cosas y formula el acertijo de su escondite. Y esa extraña sensación de perder las llaves de un cuarto cerrado por dentro, y que aunque llegaras a encontrarlas, permanecerá cerrado.


viernes, 3 de enero de 2025

Formas de manejar





Sobre cómo se maneja y, especialmente, sobre cómo se debe manejar el volante, en verdad, nada se sabe. Uno se sienta en las escalinatas de la plaza de la Santa Croce o en cualquier otra plaza del mundo, y deja que la mirada se pierda entre la multitud viandante que viene y va de un lado para el otro. Y de repente observas, casi por el rabillo del ojo, cómo pasan, de cuando en cuando, paseantes sobre ruedas con elegancia inusitada. La espalda recta, como si se hubiesen tragado una espada; aferrados al manillar con gesto firme.






Manejar, conducir, gobernar, llevar el timón; lo mismo da, si lo que se tiene entre manos es el principio del equilibrio. Agarrar, como se dice, el sartén por el mango; el manillar; o el toro por los cuernos diestramente. Y sostener, igualmente, la cesta de la compra en la que llevas un manual de instrucciones para la vida moderna.







Parece claro que lo difícil, aquí, es mantener la rectitud del gesto. La mirada hacia delante, como perdida en no se sabe qué objetivo lejano, qué obstáculo imprevisto; qué mágico duendecillo aún por sortear; qué sorpresa inesperada o qué peligro al acecho. Permanecer aferrado al manillar con la gracia de un gesto atlético y una ingenua sonrisa.





Si se va sobre ruedas hay que estar preparado para lo que venga desde el otro lado. Nunca se sabe por dónde ni cómo va a aparecer la camioneta del cartero, el bólido correcaminos, el kiosquito de helados o el extinto vendedor de medialunas de coco. Todo es cuestión de probabilidades, de aciertos o desaciertos. La fortuna o el azar juega sus cartas de forma irremediable. Y esto es válido para cualquier medio de transporte más o menos al alcance de la mano. En fin; a la hora de manejar, manéjese como buenamente se pueda.






(31 de diciembre 2024)

"P. ¿Cómo es su relación con la pintura?
R. La pintura es algo fundamental. Es una batalla, una lucha por expresar... Esa relación, ese realizar, esa idea, ese sentimiento a través de la pintura, eso es fantástico, es muy enriquecedor.
P. ¿Y con la línea?
R. Yo con la línea lo he hecho todo. Era realmente con lo que me sentía cómoda, con lo que representaba mejor, lo que para mí fluía más, era más fácil. También me ha gustado mucho el color. Pero la línea al final es lo más importante dentro de mi trabajo. Hay obras en las que la línea sirve para rellenar el espacio y otras veces es un relato lineal que empieza en un punto y acaba en otro".

                   [Paula Achiaga, "Entrevista con Soledad Sevilla", en El Cultural. 20 - 26 septiembre 2024]





28 o 29 o 30 de diciembre (y qué más da)

Retomo estas notas de diario que nunca he llegado a abandonar del todo (y mira que lo has intentado), porque me da por escribir cosas que no vienen a cuento; historias que a nadie podrían interesar, verdaderamente, ni siquiera a mí mismo, porque no son más que palabras agolpadas unas sobre otras sin sentido. Y porque muchas veces, al coger la pluma o el lápiz (o lo que tenga a la mano) siento más alta la vida que cualquier cosa que pudiese decir o escribir. Quizás sea el pulso de la escritura una suerte de tic-tac que nos apremia de forma irremediable, automáticamente, porque sólo lo que se escribe automáticamente posee el sentido de una revelación. Y he aquí que otra vez quiero cantarle a la mañana (alguien dijo hace poco –escuché decir a alguien– que esto ya no se lleva, pero a mí que más me da si nos gusta lo démodé), volver sobre la alegría de todos los naufragios; sobre la firmeza de saberme aquí y ahora, si es más grande el rayo de luz arrojado sobre mi cuaderno que cualquiera de las líneas que pudiera acertar a trazar sobre la página. Esta es la estupidez (y el sinsentido) de llevar un diario; pretender encerrar fragmentos de luz en la cuadratura de los márgenes del papel.



domingo, 29 de diciembre de 2024



29 de diciembre 

Enigmática presencia, la del burro y el buey, en la pintura de los maestros antiguos. Testigos sigilosos del milagro, sus figuras silentes aportan sosiego a la escena del nacimiento. Están presentes en la permanencia de un tiempo incorruptible, atentos, aunque ajenos a la sorpresa. Su serenidad es elocuente; sirve de contrapeso al dramatismo y a la gesticulación del resto de los personajes en la escena. El burro y el buey guardan el secreto de lo indecible; su presencia discreta pasa desapercibida ante la mirada de los visitantes de los museos, que se abalanzan con fugacidad suma sobre los salones de pintura antigua. El burro y el buey.



sábado, 28 de diciembre de 2024


(28 de diciembre)


Me sorprende el día sentado en mi escritorio frente a la ventana. Observo desde aquí los diferentes matices que van adquiriendo las terrazas de la montaña a medida que el sol va adueñándose de la escena por entero. Los cardones más altos, antes de un profundo verde oscuro, parecen ahora filamentos de plata sobre las rocas; casi brillan en su esfuerzo por alcanzar las paredes más altas. La montaña parece coronada, al fin, en el parpadeo solar sobre los órganos de basalto de la cima y las columnas de piedra apiladas una tras otra en formas dactilares.  




jueves, 26 de septiembre de 2024



Dos perros viejos





Llega otra vez el otoño, con sus ropajes altos y sus colores terrosos. Llega aunque no lo parezca, porque gusta de inmiscuirse con cautela entre las cosas, hasta que una tarde nos va calando los huesos con sus aires volanderos y nos damos por fin cuenta de que ha llegado. La ciudad de La Laguna se va envolviendo en una luz de matices extraños, en un ya casi extinto mes de septiembre que en su huida incendia los celajes tardíos.

La ciudad está irreconocible, especialmente porque algunos de sus personajes más ilustres ya no están entre nosotros. El viejo Arturo Maccanti nos dejó el día 12 de septiembre, hace ahora diez años. La Laguna no ha vuelto a ser la misma desde entonces; poco a poco se ha ido transformando en un lugar ruidoso tomada por terrazas en cada esquina. Y sle echa de menos, a Arturo, sentado en las inmediaciones de La Concepción, en cualquier esquina, o hablando con Gonzalo El Conco en la puerta de garaje pintado por Gervasio. 

Tomé esta fotografía una tarde cualquiera en la terraza del café Venecia. Al veterano escritor, amigo de sus amigos, le hubiese gustado saber que diez años después de su muerte el pintor Carlos Rivero [a la derecha en la fotografía] pintaría unas acuarelas de cuerpos sumergidos en extraños tintes de colores macilentos. Un recuerdo del futuro, tal vez; un retrato de su cuerpo caduco que es también el de todos los cuerpos y es ahora el del poeta descendido a los infiernos del olvido. 

Gracias Arturo por tu poesía.



 

domingo, 15 de septiembre de 2024


(07 de septiembre)


"Peut-on tenter une définition de l'amour?

Annie Le Brun: Sans doute pas car, à chaque fois, il était une fois. Comme dans les contes. La mystérieuse raison en est la rencontre singulière de deux singularités, prenant pareillement le risque d'accueillir l'autre au plus profond de soi. Le secret des amants est que, à la lumière de cette alterité, chacun s'y découvre une souveraineté jusqu'alors impensée. Je ne connais que l'image poétique pour rendre compte de ce surgissement de l'improbable". 

[Anni Le Brun, entrevista de Cédric Enjalbert para Philosophie magazine, 20 de junio de 2023]



viernes, 16 de agosto de 2024


 17 de agosto 

"Huidobro es un poeta de cristal. Su obra brilla por todas partes y tiene una alegría fascinadora. En toda su poesía hay un resplandor europeo que él cristaliza y desgrana con un juego pleno de gracia e inteligencia. Lo que más me sorprende en su obra releída es su diafanidad. Este poeta literario que siguió todas las modas de una época enmarañada y que se propuso desoír la solemnidad de la naturaleza, deja fluir a través de su poesía un constante canto de agua, un rumor de aire y hojas y una grave humanidad que se apodera de sus penúltimos y últimos poemas". [Pablo Neruda]

                                                                                                                      

domingo, 11 de agosto de 2024


(plegaria que prometí a un amigo y anoté en unos papeles)


Virgencita de Arico


Diminuta estatuilla de madera 

policromada en mirra 

púrpura y oro

de color esperanza

me inclino ante tu urna pequeña

el altarcito que te alza 

tu mínima figura 

más grande que el sueño de los hombres

tu cetro chico

el círculo de luz de tu corona 

gobierna tu minúscula cabeza 

a estos ojos ciegos

concédele misericordia 

a esta lengua inflamada

a este corazón al borde del abismo 


sábado, 20 de julio de 2024


(algo más que tenía anotado en alguna servilleta de restaurante)

 
Al pasar por Santiago del Teide nos quedamos horrorizados por el destrozo practicado en parajes que una vez fueron hermosos; escenarios de la adolescencia tardía que fueron un refugio para las confidencias y la amistad. Este valle nunca hubiese merecido semejante destino. Todo parece estar panza arriba. De hecho, si se contempla desde lo alto de las montañas vecinas casi podría decirse que el asfalto ha engullido al pueblo, a excepción de la frágil línea de casitas que cruzan el valle formando una hilera de hormigas sinuosas ladera arriba. ¿Es esto progresar?



(algunos apuntes de andar por casa)

Tampoco yo recuerdo lo que sueño. Lo intento, pero no lo consigo. Lo intento, pero no logro traer a mi memoria las secuencias de nebulosas agolpadas en mis sienes mientras dormía, las imágenes que fueron convocadas por la obsesión, las secuencias, el tropel de gigantes cabezudos y personas ilustres que se habrán asomado a mi memoria dormida. Soy el durmiente que, al despertar, no puede recordar o que ha soñado, como en una aguada nocturna de Victor Hugo.